martes, 9 de septiembre de 2008

FIESTA DE LA VENDIMIA 2008

CABALGATA INFANTIL






LOCOS POR EL TENIS
Un año más la peña se empeña en no preparar con tiempo esto de la cabalgata infantil y luego sale lo que sale. Así les va a ellos, que no ganan un premio desde antes de que el principe Felipe tomara su primera comunión. Eso sí, han prometido que el año próximo lo prepararán con tiempo y seguro que se les ocurre alguna idea buena. A lo mejor hasta me convencen y me visto. De todas maneras este año el que mejor se lo pasó fue nuestro invitado el canario,
que estamos seguros que hablará de nuestra fiesta y de nuestro pueblo ayá donde vaya, y seguro que a muchos sitios por su trabajo, representante de una marca de ron. Podríamos decir muchas cosas, pero se me ocurre terminar con una pequeña anecdota, que terminó por ser gorda después de la cabalgata del sábado. Me explico, un nuevo peñero no residente en nuestro pueblo se acercó al orico del arroz que preparó Martín para comer, ya que estaban aquí lo convencieron para quedarse y a su mujer para que se pusiera de tenis y participara en la cabalgata, todo perfecto hasta que a un peñero del pueblo, disertor de la cabalgata infantil, se le ocurre llevarse al foráneo a su casa de campo a dar una vuelta, una vuelta que duró mientras pasaba la cabalgata, lo que supuso que este hombre no pudiera ver a su mujer en acción, bueno, ni a ella ni a ninguna de la peña ni de otras peñas. A la mujer del susodicho, (no se si me entenderá el canario), no le sentó nada bien lo que le hizo el marido y por supuesto se lo manifestó a él y a todo el resto. Como decía esta anecdota no tendría mucha gracia, que no le hará ninguna a nadie, si no es por que el sábado de las carrozas volvió a pasar lo mismo, la diferencia estuvo en que en vez de arroz se hicieron gazpachos y en vez de un disertor de la cabalgata infantil, fue un disertor de la gran cabalgata del vino. Ahora si se puso bonica la señora consorte del nuevo peñero forastero de la peña, lástima que no tengamos testimonios gráficos de lo alli sucedido, y por solidaridad y no sin falta de razones la señora del tal disertor que no era ni más ni menos que la mismísima señora presidenta de la Alborga.

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